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La guía de supervivencia para trabajar (y cuidarte) en casa

Trabajar desde casa

¿La pandemia del coronavirus te ha forzado a trabajar desde casa? Estos 11 consejos pueden ayudarte a mantener la salud, la felicidad y la productividad. Porque puedes hacerte cargo de la lista de ‘cosas pendientes’ sin tener que renunciar a estar bien.

El cambio de trabajar en una oficina a trabajar en casa supone, en circunstancias normales, todo un reto. Si a eso le añadimos una pandemia, el cierre de los centros educativos, la falta de tiempo para hacer deporte, el cambio de protocolos laborales, los pocos eventos sociales (si es que los hay) y la cantidad exacerbada de tiempo en casa… Es normal que nos sintamos sobrepasados.

Por eso cuidarse no es un privilegio sino una parte esencial para poder adaptarse a la nueva normalidad. Desde SALÚdable te damos algunos consejos para trabajar desde casa de manera productiva y satisfactoria sin estresarte.

1. Mantén el mismo horario de sueño

¿Que las videollamadas no empiezan hasta el mediodía? Aún así, madruga. ¿Que acaba el día y no puedes evitar engancharte a Netflix? Apágalo y ve a la cama a una hora prudente. Con los cambios repentinos hemos pasado a estar mucho más tiempo en casa y es normal que, mientras nos intentamos adaptar, nuestro sueño se vea afectado. Sin embargo, mantener el mismo horario para levantarse y acostarse constituye una parte esencial del cuidado personal, porque facilitan la calidad del sueño. Nos podemos sentir adormilados o tener bajones de energía si nos bailan las horas.

Cuando nos pase, será difícil no caer en la tentación de echar una siesta eterna las tardes que no haya que trabajar… Pero viene mejor salir y dar un paseo. Aunque si no nos podemos resistir al cine de las sábanas blancas, te recomendamos dormir como mucho 20 minutos (¡y poner alarma!)

2. Vístete (aunque sea con chándal)

Y no olvides ducharte, peinarte e incluso calzarte. Aunque el teletrabajo puede parecer una buena oportunidad para pasarse el día en pijama, asearse y vestirse son un pilar fundamental del cuidado personal que, además, puede facilitar nuestra reincorporación al trabajo presencial. No hace falta ponerse la ropa de oficina, podemos vestirnos más cómodos. Al fin y al cabo, esa es una de las ventajas de trabajar desde casa. Sin embargo, prepararse para “salir” le manda señales al cerebro de que no estamos en fin de semana ni tampoco enfermos, y así es más fácil ponerse a trabajar.

3. Establece una rutina de transición

Al igual que vestirse y asearse, establecer una rutina de transición (como si fuésemos a la oficina en transporte público) le manda la señal al cerebro de que hay que ponerse a trabajar. Lo mejor de todo es que cualquier cosa nos puede servir para cambiar el chip.

Puede ser sentarse en la terraza con un café, salir a dar un paseo, leer un capítulo del libro que tengamos empezado o hacer un poco de yoga u otro deporte. Sea lo que sea, hay que pensar en ello como nuestro tiempo de “ir” al trabajo.

4. Pon la oficina en casa

Aunque es verdad que el ordenador es nuestra oficina, también es necesario buscar un espacio desde el que trabajar, aunque sea en una esquina de la mesa de la cocina. Al igual que los dos consejos anteriores, este ayuda a que el cerebro piense en términos de trabajo.

Además, sentarse en una silla es estupendo para mantener la concentración, la energía e incluso la confianza en uno mismo. Y no, no nos sirve el sofá porque es demasiado cómodo.

¿Quieres estar incluso más motivado? Mantén ese espacio ordenado. No hace falta que esté impoluto, con que esté organizado ya percibimos una cierta sensación de cuidado personal y, por extensión, de preocupación por nuestro trabajo.

5. Tómate descansos

No hagas listas de cosas pendientes eternas que te estresen: selecciona, dale prioridad a las tareas más urgentes y programa tus descansos.

Es muy útil establecer una lista de prioridades cuando trabajamos desde casa. Puede que tengamos que trabajar en un horario diferente al que teníamos en la oficina, pero también tenemos la oportunidad de repensar nuestra jornada laboral y fijar momentos para levantarse, estirar y desconectar.

6. Come bien (y no te olvides de beber mucho agua)

¡Ay, la tentación de picar entre horas…! Cuando empezamos en esto de trabajar desde casa, supone toda una novedad. Pero, por desgracia, picar entre horas no suele ser sinónimo de comida sana.

La comida basura y el picoteo son dos factores que no podemos descuidar, especialmente si tenemos mucho estrés. Hay que replantearse las comidas como otra oportunidad para cuidarse y obtener los nutrientes necesarios para mantener un nivel de energía consistente.

Si crees que se te puede resistir, planifica las comidas por adelantado y no improvises.

Acuérdate de beber también mucho. ¿Un truco útil? Ten siempre a mano una botella de agua.

7. Encuentra un momento en el día para hacer ejercicio, desconectar y despejar

Mantener el equilibrio entre vida personal y vida profesional es un reto, pero cuando trabajamos desde casa, fijar unos límites parece una tarea imposible. Hay que saber cuándo parar.

Realizar ejercicio de manera regular tiene muchos beneficios para la salud y te ayuda a enfocar el trabajo desde otra perspectiva. Algo tan sencillo como levantarse de la silla y moverse unos minutos ya mejora nuestro ánimo y nuestra atención.

8. Prueba a hacer ejercicio en grupo… ¡desde casa!

Hacer un hueco para ponerse las mallas y sudar es una forma de cuidarse como otra cualquiera, pero seamos objetivos: hay que ser constantes. ¿Y si intentamos hacerlo en común con otras personas, en especial en estos tiempos de aislamiento social?

Son muchos los gimnasios y entrenadores personales que programan sesiones con retransmisión por Internet. Estas se pueden hacer “en grupo”, y el factor de comunidad mejora la adherencia al hábito de ejercitarse. Aunque estemos solos y sigamos las indicaciones de un monitor que no nos puede ver, el saber que hay alguien ‘ahí’ mientras realizamos ejercicio se percibe de forma más positiva que si sabemos que es una clase pregrabada. Crea un sentimiento de grupo.

Si no estás saturado con las videoconferencias del trabajo, estas clases en directo te pueden dar una sensación de conexión que te ayuda a mantener el nivel de energía, haya papeleo o no de por medio.

9. Si tienes a los peques en casa, implícalos en tu rutina de cuidado personal

Si nuestros hijos están sin ir a clase, todo el día en casa, podemos sentirnos sobrepasados al tener que ayudarlos con los deberes o entretenerlos a la vez que intentamos trabajar. Cuando se da el caso, podemos sentirnos tentados de establecer unos horarios férreos y estructurar el día en exceso. Sin embargo, hay formas de mantenerse productivos sin estar de mal humor, y pasan por implicar a nuestros hijos en las actividades de cuidado personal.

Pregúntales por la mañana a qué horas podríais descansar todos juntos. Por ejemplo, podéis fijar la hora de comer y, después, leer en familia un rato antes de volver a las tareas.

Es importante fijar unas pautas para el cuidado personal y el trabajo desde casa. No conviene pasarse de controlador, pero a la vez es importante que los más pequeños perciban la utilidad de crear rutinas y costumbres beneficiosas.

10. Evita la sobrecarga, no trabajes sin reloj

Al igual que es importante tener un momento de transición entre estar relajado en casa y ponerse a trabajar, también es importante saber cuándo parar. Es decir: saber cuándo toca cerrar el correo electrónico, ponerse ropa cómoda y mirar qué hay en la despensa para cenar.

Esto no es sino otra forma de establecer rutinas: al trabajar desde casa, se nos puede pasar la hora y terminamos trabajando hasta tarde. Ahora contesto un correo o dos, y cuando nos queremos dar cuenta se ha ido el día y nosotros estamos agotados.

Para trabajar de manera efectiva, hay que saber cuándo parar.

11. Haz un hueco para ti

Por último, pero no por ello menos importante, hay que tener un momento de calidad para mimarse. El cuidado personal se interpreta muchas veces como algo vanidoso y superficial: mascarillas, baños relajantes, copas de vino, quedarse en la cama todo el día. Sin embargo, estas actividades tienen algo en común: implican que, por un momento, somos nosotros mismos la prioridad.

Esto es muy importante, en especial si trabajamos desde casa. Hay que buscar formas de reconfortarnos, establecer prioridades, conectar con uno mismo y pensar en qué queremos hacer. Ahora, cuando no se sabe qué deparará el futuro más inmediato, los gestos de cuidado nos aportan una sensación de estar en control que se traducen en trabajar (que no estresarnos) de manera efectiva.

Cuidarse a uno mismo no es ser egoísta. Tenemos que verlo como una oportunidad para enriquecer la experiencia laboral con el cuidado personal, algo que en última instancia se ve reflejado en nuestra familia y nuestro entorno.

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